
La autoría del más antiguo, el de la Virgen del Rosario, no está clara puesto que no se conserva
documentación alguna al respecto. Fue construido –casi con toda probabilidad- a
expensas de D. Gaspar Ramallo a quien la fábrica adjudicó este altar con fecha
31 de Enero de 1605. Años más tarde, en 1625 se contrataba con Miguel Cano (padre
de Alonso Cano) la ejecución del retablo frontero que tomaba por modelo el
anterior (que debía estar terminado ya) perteneciendo su capellanía a Pedro
González del Real y Diego de Zuleta, tal y como describe la inscripción todavía
existente en el banco del retablo. En 1630 debiera estar terminado el segundo y
las diferentes remodelaciones de la capilla mayor, según se desprende de la
documentación existente y la inscripción conservada. La estrecha relación
profesional entre Miguel Cano y Diego López Bueno así como la evidente
influencia de López Bueno en las trazas del primero de los retablos, nos inclina a pensar -como indican también otros autores-, que hubiera sido el propio Miguel Cano –quien
realiza también para la parroquia la Sillería de coro y el Monumento del Jueves
Santo en 1620 y 1621 respectivamente- quien se hubiera hecho cargo de la
construcción de los dos. Si esto fuera cierto, la fecha de ejecución del
retablo se retrasaría hasta al menos 1614 en el que hay constancia de su
instalación proveniente de Granada en Sevilla.
Y precisamente, en el barrio de Triana.
Otro de los datos que nos
inducen a retrasar la fecha de ejecución del retablo es precisamente su traza
atribuida a López Bueno. En 1611 accede al cargo de Maestro Mayor del
Arzobispado, razón ésta para que fuese el encargado de las trazas, o al menos,
de supervisar esta actuación retablística.
Sin embargo, el Prof. Valdivieso,
apunta que tanto ésta como la del Descendimiento, se adscriben al pintor Juan
del Castillo, otorgándoles la fecha de 1625 como la de su ejecución.
Ciertamente, la del Descendimiento sigue el modelo realizado por Roelas
(perteneciente a la generación anterior de Juan del Castillo) que se conserva
en la Catedral de Sevilla, por lo que no sería tampoco extraño que en el de la
Virgen del Rosario hubiese seguido también los modelos del clérigo y de ahí la
confusa adscripción. Lo que sí es cierto, y apoya la conjetura más fiable, es
que Juan del Castillo trabajó continuadamente con Miguel Cano – y López Bueno
por consiguiente- en numerosas obras por lo que su relación con los retablos
que estudiamos es prácticamente segura. A él pudieran adscribirse las pinturas
laterales, si bien la disparidad de calidades, tipología y estado que presentan
no hace aconsejable una adscripción hasta no haber sido intervenidas y
estudiadas con detenimiento ya que su lamentable estado de conservación no
permite un estudio en profundidad.
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