
Y es que las Cofradías, como muchas otras instituciones (ya sean fundaciones, asociaciones sin animo de lucro, etc.) siguen manteniendo unos ingresos fijos por la consignación de cuotas a sus hermanos y/o asociados que -independientemente del aumento del número de recibos impagados- se mantienen intactos. Eso les permite seguir con su vida y gastos ordinarios, entre los que se suelen incluir programas de mantenimiento y conservación de su patrimonio, siempre y cuando estén sostenidos por dichos ingresos ordinarios.
El argumento contrario a este tipo de gasto es la necesidad del ejercicio de la Caridad. La asistencia social actual está, cada vez más, redireccionada hacia instituciones que tienen un funcionamiento más profesionalizado (incluso de la mano de voluntarios) como son Cáritas, Banco de alimentos, Economatos... con lo que las aportaciones puntuales cada vez son menos frecuentes, al estar canalizadas las ayudas, con buen criterio, hacia estas otras instituciones (que además evitan la picaresca y optimizan los escasos recursos existentes). Es por lo que habitualmente, estas partidas destinadas a caridad también están incluídas en el presupuesto ordinario en forma de porcentaje de cuotas (10%, 0,7% al tercer mundo...) y no sufren merma alguna con respecto a otras partidas de tipo artístico.
Invertir -que no gastar- en materia patrimonial, se convierte ahora en una necesidad social también, evitando que profesionales del sector se vean obligados a redireccionar su vida laboral, desapareciendo empleos tradicionales vinculados a nuestra Semana Mayor y que sin encargos ni proyectos de futuro no pueden mantenerse. Frenar proyectos que se sostienen con los ingresos ordinarios, por temor a ser tachados de "frívolos" no es más que un error en la percepciónde la situación actual de la ciudad y de su Semana Santa. Porque dentro de unos años, cuando la situación se recupere y aumente considerablemente de nuevo la demanda de trabajos, esos talleres tradicionales, que conservan tanto buen hacer y un nivel de calidad artística fraguada tras décadas de trabajo al servicio de las cofradías, puede que hayan desaparecido y con ellos, una tradición de siglos que habrá desaparecido también, perjudicando entonces a la Semana Santa y a la economía de la ciudad.
Otra cosa sería exigir una cuota extraordinaria para una obra faraónica... eso no sería de recibo.
Otra cosa sería exigir una cuota extraordinaria para una obra faraónica... eso no sería de recibo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario