miércoles, 22 de agosto de 2012

"Restaurar está tirao, yo se hacerlo"

Seguramente fue lo que pensó la "bienintencionada" octogenaria que abordó a principios de este verano, la "restauración" del Ecce-Homo de la iglesia del Santuario de la Misericordia en Borja (Zaragoza). Muchos medios de comunicación han publicado el hecho a raiz de la denuncia efectuada en el blog del Centro de estudios borgianos y en muchas páginas y foros se puede leer con detalle lo acaecido. Al parecer, sin permiso ni autorización alguna, procedió a su "restauración" de "motu proprio".

La obra en cuestión es una pintura mural, realizada por Elías García Martínez a principios del siglo XX, y de la cual existe una pieza similar -en lienzo- que precisamente fue donada por sus descendientes a dicha institución cultural hace pocas fechas. Con anterioridad, habían publicado en su boletín informativo nº 129-130 de 2010 un artículo haciendo alusión a dicha pintura y su fuente de inspiración en obras de Guido Reni y en un grabado de William Trench, con paralelismos innegables, denunciando, en aquel momento, el lamentable estado de conservación que presentaba la obra.
 
Pues bien, desgraciadamente, saltaba la voz de alarma, esta vez por lo evidente de la actuación, y desde hace días, corren como la pólvora por internet las fotografías de tan desdichada intervención, así como los comentarios más variopintos acerca de la acción realizada, el aspecto en que ha quedado o los medios que se deben de poner para evitar estos desastres. Lo malo, es que esto es la "punta del icerberg" de un problema que viene de antiguo y que, a buen seguro desgraciadamente, no tendrá en Borja su último incidente.

Esto es más frecuente de lo que la gente se cree. Quizás no de manera tan impactante ni mediática, pero los pinceles y las gubias siguen haciendo estragos en manos de aficionados, pseudoartistas o artesanos locales que, voluntariamente, ante la solicitud de algún devoto o incluso por petición del responsable de la obra, restaura una obra de arte haciéndolo "lo mejor que puede".

Conocemos numerosos casos: Uno, que se llevó un lienzo para restaurar y después de más de un lustro sin tener noticias del cuadro, el cristo crucificado había perdido parte del rostro y las piernas por una desastrosa limpieza. Otro ejemplo que conocemos fue el de que aprovechando la reapertura de un templo con motivo de unas obras de rehabilitación, se "restauraron" numerosas esculturas del mismo, repartiéndolas por las casas y autorizando su "remozado" a los voluntariosos devotos que las custodiaban. También es frecuente encontrar imágenes de vestir (nazarenos o dolorosas principalmente) que han sido mutiladas y/o reformadas interiormente modificando su composición original, postura, mirada... sin más intención que enbellecerla (bajo su punto de vista). En definitiva, obras del siglo XV, XVII o XVIII dejadas -nunca mejor dicho- "de la mano de Dios". Y no hablamos de los años cuarenta o cincuenta, sino de ahora. Antes no existía formación y la precariedad de la postguerra hizo estragos en la conservación del patrimonio. ¿Pero en pleno siglo XXI...?

Casualmente en el editorial del último Boletín del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Bellas Artes de Andalucía, se hace referencia a este problema, al intrusismo profesional y a la indefensión a la que se enfrenta el patrimonio cultural, sobre todo en el ámbito rural, informando a los colegiados de las gestiones realizadas con la Archidiócesis de Sevilla para colaborar en la protección y el asesoramiento técnico del rico patrimonio artístico de su provincia.

"Restaurar es pintarlo encima" es lo que ha pensado la señora que ha querido arreglar el Ecce-Homo de Borja y lo que piensan todavía demasiadas personas -¡ojo!- no obligatoriamente de niveles académicos bajos, puesto que hemos verificado que se da en todos los estratos de población. Y es que todavía hemos avanzado muy poco en la  formación y cultura del patrimonio. Por eso, entre otras cuestiones, no se entiende que una restauración cueste lo que cuesta o que requiera de los medios técnicos con los que habitualmente contamos los que nos dedicamos a esto. 
 
Desde hace años, en gestionarte, como mínimo, tenemos la costumbre de colocar un panel explicativo junto a las obras restauradas para que, al menos, quien tenga el interés de echarle un vistazo, pueda comprender y aprender un poco lo que se ha hecho, cómo se ha hecho y porqué se ha hecho, sino se realiza una actividad de difusión mayor. Sirva este desastroso incidente (que por cierto, es altamente probable que con suerte tenga solución) para poner de manifiesto este problema y explicar a la ciudadanía que restaurar ni está tirao, ni es pintar encima, sino algo más complejo que sería muy largo de contar en esta entrada...

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